Hay palabras que deben decirse,
que se deben escuchar.
Me encantaría recurrir al silencio,
e ignorar la situación.
Olvidar que mentir por omisión,
sigue siendo mentir.
La pregunta ya ni la espero;
me lanzo y espero a ver qué pasa,
como quien salta a una piscina y se sorprende al mojarse.
Y aun así fue sorpresa: el agua moja.
Pero no veo posible la idea de no volver a saltar
pensando en que de nuevo voy a salir mojado.
———
Pero ahora,
el que salta a una piscina, y espera no mojarse,
¿qué espera?
O, acaso ignora el hecho de que una piscina sin agua
suele ser una piscina vacía?
Seguro ha tenido la suerte de siempre encontrar agua
protegiendo su caída.
¿Pero es el agua realmente una protección en esta metáfora?
¿No es acaso peor destino no ser capaz de saltar tranquilo,
deseando el desconocido golpe de la realidad?
¿No sería mejor caer,
sufrir lo que se tenga que sufrir,
y luego pararse y seguir?
Pues nadie se muere al caer en una metáfora.
O por lo menos, no conozco al primero.
———
Sí: ¡me voy!
Y ese es el plan, hasta que deje de serlo.